jueves 19 de noviembre de 2009

Departamento de Puntuación: Sin embargo se puntúa

PARA MUCHOS de los que se inician en la redacción, cuesta trabajo reconocer a qué oración pertenecen ciertas frases o locuciones adverbiales. Sin embargo es una locución adverbial que se emplea cotidianamente, y todos los días los redactores de periódicos, boletines, revistas, reportes y memorandos se equivocan en cuanto a la puntuación que debe llevar.

Con frecuencia el sin embargo se encuentra en medio de una oración simple, y puede entenderse como una locución parentética. Cuando esto ocurre, basta ponerla entre comas: “El director, sin embargo, se molestó sobremanera”. Pero en ocasiones se encuentra entre dos oraciones propiamente dichas, cada una de las cuales tiene su verbo conjugado. En estos casos, si colocamos el sin embargo entre las dos oraciones, no queda claro a cuál pertenece. No puede formar parte de ambas simultáneamente.

Veamos el ejemplo que aparece a la cabeza de esta entrada. “No había venido a cobrar porque esperábamos alguna respuesta favorable del gobierno hacia el sindicato, sin embargo, no la hubo […]”. En verde vemos las dos oraciones que están, a caballo, antes y después del sin embargo. (Hay una oración antes de las citadas, y otra después —encabalgada, por cierto—, pero no importan para nuestros propósitos inmediatos).

Como ya se apuntó, este sin embargo sólo puede pertenecer a la oración anterior o a la posterior; no puede ser parentético entre ambas. El redactor, al colocar la locución entre simples comas, la volvió parentética, y todo lo parentético es, por definición, suprimible. Pero si suprimimos sin embargo, nos queda una proposición terriblemente encabalgada:

[…] esperábamos alguna respuesta favorable del gobierno hacia el sindicato no la hubo. [He subrayado las dos palabras entre las cuales ocurre el encabalgamiento].

Este sin embargo, entonces, establece un puente entre las dos oraciones. Se trata de un puente que indica adversidad. En la oración anterior se plantea una esperanza, mas en la que sigue se señala que esta esperanza no se cumplió. Por eso llamamos sin embargo una locución adverbial adversativa, como pero es una simple conjunción adversativa. (En cuanto a pero, uno puede colocar una coma antes, o puede prescindir de ella; en otras palabras, el uso de la coma antes de pero es discrecional).

Solemos usar el punto y coma [ ; ] como barrera para establecer a cuál de las dos oraciones pertenece la locución. Y, como decíamos, hay dos posibilidades:

[…] esperábamos alguna respuesta favorable del gobierno hacia el sindicato, sin embargo; no la hubo […]


[…] esperábamos alguna respuesta favorable del gobierno hacia el sindicato; sin embargo, no la hubo […]

En el primer caso, sin embargo se referiría a un planteamiento anterior. En el segundo, al posterior. Aquí el sentido dicta que pertenece a lo posterior. Al colocar —como barrera— un punto y coma antes de sin embargo, y una coma después, la locución deja de pertenecer a ambas oraciones (algo gramaticalmente imposible, como vimos, por el encabalgamiento que provoca), y se entiende perfectamente que pertenece a la segunda.

Algunas personas prefieren usar un punto y seguido [ . ] antes de sin embargo cuando la locución pertenece a la oración siguiente. Esto es perfectamente legítimo. La única diferencia está en que, así, se establece una separación ideológica mayor entre las dos oraciones. Recomiendo que se emplea el punto y coma cuando la proposición no es excesivamente larga. Como regla general, que no debe aplicarse forzosa ni estrictamente, el punto y seguido resulta útil cuando la proposición ya rebasa las 40 palabras (unos tres renglones convencionales en el procesador de palabras, a 12 puntos):

Nadie llegó a recoger el paquete. Sin embargo, permaneció durante semanas en los anaqueles de la aduana y el polvo empezó a hundirlo en el olvido cada vez más profundo hasta que un intendente, sin querer, lo tiró mientras limpiaba.


Nadie llegó a recoger el paquete, sin embargo. Permaneció durante semanas en los anaqueles de la aduana y el polvo empezó a hundirlo en el olvido cada vez más profundo hasta que un intendente, sin querer, lo tiró mientras limpiaba.

Ahora pondré estos mismos con punto y coma. El redactor puede decidir cuál conviene más. Lo que no puede hacerse en estos casos es poner el sin embargo entre comas, como si estuviera dentro de una oración simple, al estilo de “La Tierra, sin embargo, se mueve”.

Nadie llegó a recoger el paquete; sin embargo, permaneció durante semanas en los anaqueles de la aduana y el polvo empezó a hundirlo en el olvido cada vez más profundo hasta que un intendente, sin querer, lo tiró mientras limpiaba.


Nadie llegó a recoger el paquete, sin embargo; permaneció durante semanas en los anaqueles de la aduana y el polvo empezó a hundirlo en el olvido cada vez más profundo hasta que un intendente, sin querer, lo tiró mientras limpiaba.

De sentido muy parecido a sin embargo es la locución no obstante; a ésta y otras muchas como aun así y a pesar de esto, puede aplicarse el mismo régimen de puntuación.

lunes 16 de noviembre de 2009

Departamento de Ortografía: Apenas si

EN EL CASTELLANO tenemos muchas expresiones que desafían la lógica gramatical, y —por esto— en ocasiones parecen carecer de sentido. Se me ocurren a pie juntillas y a ojos vistas como buenos ejemplos. Hay otra locución que podría caber en esta categoría pero trae, además, otro problema: ya que no es del todo lógica, no está muy claro cómo debe escribirse, y muchísimas personas —incluso muy cultas— la escriben mal por seguir su propia lógica. Me refiero a apenas si, locución adverbial que significa casi no, escasamente o sólo. Sucede en las mejores familias, como aquí consta en un artículo del dramaturgo, escritor y periodista Germán Dehesa, aparecido en el periódico Reforma (jueves,12 de noviembre de 2009, “Ciudad”, p. 1).

Yo ya perdí la cuenta de cuántas veces he buscado esta locución en el diccionario sólo para cerciorarme de que no estoy inventando y de que realmente debe escribirse apenas si y no apenas y, como la he visto en incontables escritos de toda índole. Desde luego, suenan exactamente igual apenas si (lo correcto) y apenas y (lo incorrecto). Y encima hay otro problema: apenas y parece imitar, en su morfología, a la mexicanísima expresión igual y, que significa —más o menos— posiblemente, como cuando decimos “Igual y nos aumentan el sueldo”. (Pero no esperes parado en un solo pie).

Si nos fijamos bien en la proposición que nos sirve de ejemplo, apenas y (que debería ser apenas si) significa lo mismo que apenas. ¿Entonces, por qué existe esta otra versión, apenas si? Resulta útil porque apenas, solo —en una palabra, pues—, tiene tres acepciones. 1. Puede ser un adverbio negativo: Apenas me alcanza para sobrevivir. 2. Puede ser un adverbio de cantidad: Apenas tengo un peso con 85 centavos en el banco. 3. Puede ser una conjunción temporal: Apenas subí el blog y recibí una airada protesta de Germán Dehesa. (Espero que esto no suceda y aprovecho para enviarle un gran abrazo a mi colega y amigo). Hay ocasiones cuando deseamos expresar el apenas de las primeras dos acepciones, pero podría comprenderse la tercera. Al usar apenas si, eliminamos la posibilidad de que se entienda en su sentido temporal. Veamos:

Apenas si me piden mi opinión […]

Apenas me piden mi opinión […]

En la primera oración —con apenas si—, está clarísimo que el hablante se refiere a una situación negativa: pocas veces, casi nunca o escasamente le piden su opinión. En la segunda oración el sentido es ambiguo: puede significar lo mismo que la primera o puede significar “en cuanto” o “en el momento en que”. Esto se volverá aun más claro si termino las proposiciones:

Apenas si me piden mi opinión pero les digo lo que pienso de todas maneras.

Apenas me piden mi opinión les digo lo que pienso.

Si uno quiere usar apenas si, ¡adelante! La única instancia en la cual no debe usarse es en el sentido conjuntivo temporal: “Apenas llegues, nos casamos”. Cuando apenas tiene cualquiera de los otros dos sentidos, pueden usarse apenas o apenas si: “Apenas leo este blog porque su autor es bien flojo para subir nuevas entradas”. O “Apenas si leo este blog porque su autor es bien flojo para subir nuevas entradas”. Pero si usted quiere aprovechar el sentido temporal de apenas, no agregue el si, ni mucho menos y.

Y otra cosa antes de terminar: apenas siempre es una sola palabra. Nunca debería escribirse a penas, salvo cuando se trata de la locución a duras penas, como cuando decimos: “A duras penas entiendo el blog de Sandro Cohen”.

miércoles 11 de noviembre de 2009

Departamento de Mayúsculas y Minúsculas: Las reglas esenciales

LOS REDACTORES INEXPERTOS suelen conferir cualidades mágicas a las mayúsculas. Piensan que las letras capitales trasmiten respeto, importancia, solemnidad e incluso veneración. La verdad, las mayúsculas en castellano tienen usos muy acotados.

1. Las mayúsculas se emplean para indicar nombres propios de personas, personajes, divinidades (creamos en ellas o no) lugares —calles, barrios, colonias, estados, provincias, países—, publicaciones, establecimientos comerciales, instituciones gubernamentales y no gubernamentales, oficinas, edades históricas y disciplinas académicas. Cada palabra del nombre propio se escribe con mayúscula, excepto artículos, preposiciones y conjunciones:

Juan de la Vega

El Palacio de Hierro

La Jornada

el Renacimiento

la Edad Media

Organización de las Naciones Unidas

Nueva Revista de Filología Hispánica

Reino Unido

Dios

Satanás

Dirección

Intendencia

Cinco de Mayo (la calle)

Neuquén (provincia argentina)

Mickey Mouse

Ratón Miguelito

Quetzalcóatl

Recursos Humanos

A

Ciencias Básicas

Biología

la Virgen (María)

Shiva

Ojo: los nombres de periódicos y revistas, además, se escriben con letra cursiva. Si no aludimos a una disciplina académica sino a un fenómeno genérico, la palabra no debe llevar mayúscula:

La biología está en todo. Pero: Tomé Biología Orgánica este semestre.

Me encanta la literatura. Pero: ¿Es cierto que reprobaste Literatura Española Medieval?

A Juan le interesan todas las ciencias. Pero: Juan estudia en la división de Ciencias Básicas e Ingeniería.

Por otra parte, el nombre propio de este país es México o Estados Unidos Mexicanos. Por esto, si escribimos república mexicana, debe ir en minúsculas porque no se trata de un nombre propio sino de un sinónimo descriptivo (la república que es México). En cambio, Argentina también es República Argentina. En otras palabras, República Argentina es también su nombre propio oficial. No sucede así en México.

Otro ojo: En castellano, las religiones, los idiomas y las corrientes ideológicas y artísticas no se consideran como nombres propios. Así, con minúscula inicial escribimos catolicismo, judaísmo, islam, protestantismo, confucianismo, taoísmo, hinduismo, español, castellano, francés, ruso, hebreo, árabe, japonés, chino, comunismo, capitalismo, democracia, estalinismo, socialismo, anarquía, surrealismo, expresionismo alemán, orientalismo, puntillismo, dadaísmo, hiperrealismo, realismo mágico, modernismo, posmodernismo, estructuralismo (Claude Levi-Strauss, q.e.p.d.), etcétera.

2. Únicamente la primera letra de los títulos de obras de creación artística o intelectual debe llevar mayúscula. Si estos títulos incluyen nombres propios, desde luego que éstos también deben escribirse con mayúscula inicial. Todo título de obra de creación artística o intelectual, además, debe escribirse en letra cursiva, igual que los nombres de periódicos y revistas. (Las partes de estas obras, como títulos de poemas, cuentos, capítulos, escenas, arias, etcétera, deben escribirse entre comillas dobles): El llano en llamas contiene un cuento titulado “El llano en llamas”. El capítulo tres se titula “La historia en breve”. El libro Piedra de sol incluye el poema “Piedra de sol”. En el periódico El País, salió un artículo titulado “Los obispos presionan a los diputados católicos por la reforma del aborto”.

Ojo: En España, en lugar de nuestras comillas dobles (en ocasiones llamadas inglesas o redondas) se emplean las comillas llamadas francesas: Allá, en España, se llaman «comillas francesas». El uso, no obstante, es idéntico. Las nuestras no son ni superiores ni inferiores a las otras. Es cuestión de usos y costumbres tipográficos.

3. Cada proposición debe empezar, forzosamente, con mayúscula. Con estas tres reglas se agota el 90 por ciento de todas las mayúsculas que vamos a usar en la redacción de prosa. El otro 10 por ciento se divide entre los usos siguientes:

4. Para nombrar las constelaciones, planetas, estrellas, siempre y cuando nos refiramos a ellos como cuerpos celestes:

La Osa Mayor está directamente arriba de nosotros.

El Sol es el centro del sistema planetario.

La Luna es nuestro satélite natural.

El tercer planeta se llama Tierra.

La Vía Láctea es el nombre de nuestra galaxia.

Pero:

El sol quema mucho.

Nada nuevo hay bajo el sol.

Parece que andas en la luna.

En mi tierra se da mucho el frijol.

No hay nada parecido en la tierra.

Ese oso se asea así.

5. Para nombrar los puntos cardinales (sólo cuando nos referimos a ellos como tales, no para indicar simple dirección: “La brújula señala el Norte”. Pero: “Vamos hacia el norte de la ciudad”. Cuando hablamos de las civilizaciones occidentales u orientales como Occidente u Oriente, también empleamos mayúsculas, precisamente para diferenciarlas de la simple dirección: “Nos dirigimos al occidente del estado”. “Vivimos al oriente del volcán”. Pero: “En Occidente tenemos pocos idiomas tonales”. “En Oriente mucha gente come con los palillos llamados chinos”.

6. Para nombrar festividades civiles o religiosas: “Le gustan las tradiciones de Navidad”. “¿Vendrás para Año Nuevo?”. “Vamos a festejar en grande el Día de la Independencia”. “El Día del Perdón se llama Yom Kipur en hebreo”.

7. Escribimos con mayúscula inicial los títulos de frailes y hermanas religiosos sólo cuando forman parte de su nombre propio: “¿Has leído a Fray Luis de León?”. “Me intriga la vida de Sor Juana Inés de la Cruz”. Pero se emplea minúscula si se trata —y se emplea— como simple título: “Va a llegar fray Juan a cenar”. “El padre Román viene a comer hoy”. “La hermana Francisca viajará a Roma el mes próximo”.

8. Usamos mayúscula inicial para distinguir entre palabras que nombran ciertas entidades o colectividades, y sustantivos comunes: “La Iglesia exige el celibato a sus sacerdotes”. Pero: “Construyeron esta iglesia en el siglo XIX”. “El dogma sólo puede ser dictado por la Iglesia católica” (el adjetivo católica siempre se escribe en minúscula, a menos que forme parte de un nombre propio, pero suele ser simple adjetivo. Véase el punto 3 de las reglas negativas, abajo). “Estos papeles conciernen a la seguridad del Estado”. Pero: “No hay suficiente recaudación en este estado” y “Lo encontraron en estado de ebriedad”. (Las palabras nación y país nunca llevan mayúscula, a menos que estén dentro de un nombre propio o al principio de una proposición. Tampoco debe llevar mayúscula inicial la palabra gobierno, ni las frases gobierno federal y gobierno municipal).

9. Se escribe con mayúscula la primera letra de la primera palabra de los nombres científicos en latín: Felis catus, Mus musculus, Canis familiaris. También se escriben en letra cursiva porque se trata de palabras en latín.

Las reglas negativas

1. No deben llevar mayúscula los títulos de personas, incluyan el nombre propio o no:

¿Dónde está el gobernador?

Esto no va a gustarle al licenciado Godínez.

El secretario Carstens se siente indispuesto.

El general lo recibirá ahora.

El alcalde fue asesinado por el narco.

Excepción importante: en el caso de primeros mandatarios como presidentes, primeros ministros, reyes, papas y los embajadores que los representan (y sólo de estos jefes de Estado, no de otros funcionarios, por importantes que sean o se crean), sí se emplea mayúscula inicial siempre y cuando no estén sus nombres propios y sepamos de quién se trata de manera específica:

Ya llegó el Presidente.

No me lo dijo el Primer Ministro.

El Papa va a pronunciar un discurso.

Viva el Rey.

Acaba de fallecer el señor Embajador.

En estos casos, podríamos decir que el título funge como una especie de pronombre, ya que no está el nombre propio. Mas sólo en estos casos, no en los títulos citados anteriormente, como don, licenciado, alcaldesa, gobernadora, general, directora, secretario, maestro, doctora, profesor, etcétera. Aun donde debemos emplear mayúscula, tratándose de primeros mandatarios (jefes de Estado), ésta revierte a minúscula si está presente el nombre propio:

Ya llegó el presidente Calderón.

No me lo dijo el primer ministro Brown.

Es un artículo sobre el rey Juan Carlos.

Acaba de fallecer el embajador Anguiano.

2. Los nombres de los días de la semana, los meses y las estaciones del año siempre se escriben con minúscula inicial (salvo que estén al principio de una proposición o estén incluidos dentro del nombre propio de una revista, periódico).

Odio los lunes.

El mes más cruel es abril.

En septiembre se inicia el otoño.

Los jueves recogen la basura. Pero: Cada ocho días recibo el semanario El Correo de los Jueves.

3. Todos los adjetivos se escriben con minúscula. No importa que se refieran a religiones o nacionalidades:

Los cristianos se están preparando para las fiestas decembrinas.

Los judíos fueron expulsados de España en 1492.

Actualmente son los musulmanes quienes temen represalias.

Los colombianos en el gobierno sospechan que los venezolanos tienen otros motivos.

En la fotografía a la cabeza de este artículo, se emplearon mayúsculas erróneamente en seis ocasiones. Pero también emplearon otras de modo correcto. Un buen ejercicio sería localizar las mayúsculas bien empleadas…




















domingo 8 de noviembre de 2009

Departamento de Sintaxis: El orden sí puede afectar al resultado

HAY MUCHAS CLASES de complemento circunstancial. Entre los más comunes hay de modo, de lugar, de tiempo y —lo que más nos importa aquí— de finalidad. Cuando empleamos la palabra finalidad, queremos dar a entender motivo, como cuando decimos “lo hizo con ese fin, (con esa finalidad)”. Así, los complementos circunstanciales de finalidad (o finales) pueden construirse de la siguiente manera:

Los agentes llevaron toda clase de folletos, a que los revisaran los posibles compradores.

Los alumnos de la universidad estudiaron para presentar su examen final.

Para que me entiendas, hablaré con absoluta claridad.

Susana entró cojeando a fin de engañar al profesor.

Se decidió emplear computadoras en las escuelas, a fin de que los alumnos aprendan a usarlas y sentirse cómodos con la nueva tecnología.

Se retiró el presidente para que nadie pensara en la posibilidad de fraude.

La madre hizo hasta lo imposible porque su hijo saliera con vida.

Enriqueta tuvo que haber sufrido mucho para que su padre haya enfrentado al marido.

Leamos, entonces, el fragmento que nos interesa, proveniente del artículo que aparece a la cabeza de esta entrada. Pero, antes que nada, debemos aclarar que el apodo que aparece como “El Gonzo” o “El Zeta-20” está mal escrito. Cuando se trata de apodos, el artículo no forma parte de él propiamente y no debe escribirse con mayúscula (a menos que aparezca al principio de la proposición, como —en efecto— sucede aquí) y las comillas deben colocarse antes y después del apodo mismo: el “Gonzo”. También es posible, y aun preferible, usar letras cursivas: el Gonzo. A los Zetas se aplica la misma regla: debe escribirse los “Zetas” o los Zetas, con l minúscula.

Lo que Rolando Herrera quería dar a entender en esta nota (Reforma, 5 de noviembre de 2009, p. 7) era que tras seis años en el ejército, el Gonzo desertó para unirse a los Zetas: la finalidad de su deserción, en otras palabras, era hacerse miembro de esta famosa banda delictiva que azota al país.

¿Pero qué escribió realmente? (Corregiré las mayúsculas y la colocación impropia de las comillas). “El ‘Gonzo’ desertó del ejército en junio de 1999 tras haber permanecido seis años en el instituto armado para unirse a los Zetas’”. El periodista escribió algo realmente difícil de creer, que el Gonzo había permanecido seis años en el ejército con el fin de unirse a los Zetas. No escribió que salió del ejército para reunirse con los Zetas, sino que permaneció seis años en el ejército con la finalidad de ser miembro de ese grupo. ¿Pero realmente utilizó sus seis años en el ejército con la motivación de pasarse al otro lado? Está claro, por supuesto, que para los delincuentes resulta valiosísimo que entre ellos haya gente con excelente capacitación militar. Pero ¿el Gonzo entró al ejército con la idea de formarse para el narco?

Lo dudo. Lo más seguro es que se haya hartado de la poca paga y el mucho peligro. O que lo haya atraído la vida acelerada de dinero, sexo, impunidad y poder de la cual gozan los narcotraficantes, hasta que los para una bala o que terminan extraditados a una prisión federal de Estados Unidos. Si es así —y creo que esto es lo que don Rolando habrá querido dar a entender—, debió haber escrito algo así:

El Gonzo, tras haber permanecido seis años en el instituto armado, desertó del ejército en junio de 1999 para unirse a los Zetas.

Otra posibilidad habría sido conservar la sintaxis y crear una frase parentética mediante comas:

El Gonzo desertó del ejército en junio de 1999, tras haber permanecido seis años en el instituto armado, para unirse a los Zetas.

De este modo habría quedo clarísimo que la finalidad de la deserción era ser miembro de los Zetas. El complemento circunstancial de finalidad debe colocarse correctamente en relación con la acción que lo precede en el tiempo (no necesariamente en la oración). En este caso, la acción era desertó. El Gonzo desertó con la finalidad de unirse a los Zetas. No permaneció en el ejército para ese fin. Pero esto es lo que salió publicado.

Para tener buena sintaxis es preciso cuidar el orden de las palabras para que éstas trasmitan rectamente la idea que deseamos expresar. Si se trasmite otra idea o si el lector se confunde, podemos decir que el escrito adolece de mala sintaxis. Los periódicos, aun bajo la presión del tiempo, deben cuidar esto porque su reputación está en juego.




jueves 5 de noviembre de 2009

Departamento de Sintaxis: En el Diario de Morelos también se cuecen habas

EN ESTE BLOG se ha insistido innumerables veces en la importancia de cuidar la sintaxis de nuestras proposiciones. Por desgracia, cuando un periódico impone una regla innecesaria y francamente brutal —como iniciar con un verbo cada encabezado, secundaria o balazo—, con cierta frecuencia van a presentarse problemas de significado y comprensión. Justo esto sucedió en el encabezado que vemos a la cabeza de esta entrada, proveniente del Diario de Morelos, el cual —al parecer— imita el mal ejemplo del periódico Reforma, del Distrito Federal. Dicho encabezado reza, textualmente: “Vuelca tráiler cargado con resina en la autopista”. (29 de octubre, sección “A”, p. 8)

Antes de continuar, recordemos cuál es la sintaxis lógica o natural del español:

Sujeto + núcleo del predicado (verbo) + complementos (directo, indirecto, circunstanciales)

Desde luego, no es ésta la única sintaxis posible o correcta. Al contrario: el castellano nos ofrece muchísimas maneras de ordenar los elementos de nuestras oraciones porque se trata de un idioma con gran flexibilidad sintáctica. En ocasiones, la sintaxis lógica puede meternos en problemas, y en parte eso es lo que sucedió en este encabezado del Diario de Morelos, y en parte sucedió por la exigencia de iniciar el encabezado con un verbo.

Primero, el problema. Según lo que se lee, se entiende —literalmente— que el tráiler fue cargado con resina en la autopista. Mas, en realidad, no importa el lugar donde lo cargaron con resina sino que el tráiler, cargado con resina, volcó en la autopista. El cabecero del Diario de Morelos dejó el complemento circunstancial de lugar, en la autopista, en su lugar natural, pero esto causó el problema que podría haberse resuelto con realizar una inversión sintáctica, la cual habría consistido en anteponer al verbo uno de los dos complementos circunstanciales:

En la autopista vuelca tráiler cargado con resina

El otro complemento circunstancial, cargado con resina (de modo, en este caso), puede quedarse después del verbo vuelca. (Para efectos de la inversión sintáctica, no importa la ubicación del sujeto, tráiler).

Aun si el periódico hubiera dejado el verbo en la posición inicial pero cambiado el orden de los complementos circunstanciales, podría haber salido ileso del percance:

Vuelca en la autopista tráiler cargado con resina

En este caso, el cabecero no habría realizado ninguna inversión, pues los dos complementos estarían ubicados después del verbo vuelca. Sencillamente, habría utilizado el sujeto tráiler para separarlos y evitar así que se entendiera que el tráiler fue cargado con resina en la autopista.

Como puede verse, la flexibilidad de la sintaxis castellana nos ofrecía por lo menos dos maneras elegantes de salir del problema, una mediante inversión sintáctica, y la otra colocando el sujeto entre los dos complementos circunstanciales. Pero debemos tener cuidado porque esta misma flexibilidad puede meternos en problemas, como también podemos tropezar si seguimos de manera acrítica el orden sintáctico natural. Lo que resulta indiscutible es el hecho de que todo se dificulta innecesariamente si los encabezados empiezan forzosamente con verbo.

lunes 2 de noviembre de 2009

Departamento de Ortografía: El futuro ya no va a ser igual, o No hay dos por tres



CORREN MÚLTIPLES RIESGOS las personas que escriben como hablan. Uno de éstos consiste en nuestra legítima manera de no separar oralmente dos vocales iguales, una al final de una palabra, y la otra al principio de la siguiente —como en las primeras dos proposiciones que veremos a continuación—, o tres vocales iguales, como en la tercera:

El elefante en la sala anexa.

El último ocaso del verano occidental.

Esta mancha va a arruinar mi vestido.

Esto es lo que uno escucharía:

El elefanten la salanexa.

El ultimocaso del veranoccidental.

Esta mancha varruinar mi vestido.

Esto es normal en el lenguaje hablado y no debe corregirse. Sería antinatural y bastante molesto. Por fortuna, el castellano es un idioma casi fonético y escuchamos más del 90 por ciento de lo que aparece en nuestras letras escritas. La gran excepción es la letra h, y otros conflictos traen las letras v, b, c, s, z, y, l y ll, pero quienes leen cotidianamente no suelen tropezarse demasiado con estos problemas ortográficos que, en comparación con los de otros idiomas —como el francés o inglés— palidecen. Y por eso existen los diccionarios: para resolver dudas. Aquí no hablamos de una falta de ortografía per se sino de la facilidad con que nos tragamos, gráficamente, la segunda a cuando viene en la secuencia de tres, como en el último ejemplo.

En la fotografía que ilustra esta entrada (Reforma, “Nacional”, 28 de octubre de 2009, p. 14), se habla de cómo el equipo del gobernador (con minúscula, por favor) de Campeche falsificó una fotografía para que el político de marras apareciera detrás del presidente Calderón. Lo que he señalado en rojo proviene de una cita textual de lo que dijo la diputada panista por Campeche, Nelly Márquez Zapata. Aquí la transcribiré, eliminando —por supuesto— la mayúscula que debió ser minúscula:

“Mucho de lo que ha sido él como gobernador, ha sido de esta forma. Ya ha habido acciones o actos que me llevan a pensar que no ha sido la primera vez, acciones que hemos visto en el estado. Pero esperamos que ya no lo vuelva hacer”, dijo en entrevista.

Evidentemente, el error no fue de la panista porque ella hablaba en voz alta. El gazapo fue cometido por el periodista al tragarse la preposición a que debe figurar gráficamente —aunque no se escucha— entre la palabra vuelva y la palabra hacer: vuelva a hacer. Recordemos, por favor, que la h es muda. Se escucha vuelvacer, pero debe escribirse en tres palabras. La preposición a es importante para que el lector comprenda rectamente lo escrito.

Uno de los casos más frecuentes de este fenómeno tragaletras se da con el futuro perifrástico, que formamos con el verbo ir en presente (conjugado en la tercera persona del singular) + la preposición a + un infinitivo:

Mariátegui va a abrir.

Un redactor descuidado podría escribir, sin darse cuenta de su error, “Mariátegui va abrir”. Aquí, después de tanta explicación, parece una tontería, pero sucede con muchísima frecuencia, como pueden atestiguar mis alumnos que pierden un punto cada vez que lo hacen en sus trabajos escritos.

También se da este error en otras formas verbales perifrásticas (como en el ejemplo de Reforma) donde el primer verbo —el conjugado— termina con la letra a. Veamos:


No me venga alegar tonterías.

Es difícil que la ponga arreglar las flores ahora.

Se suscribió a Reforma, pero le dijeron que no lo vuelva hacer.

Las obvias correcciones son:


No me venga a alegar tonterías.

Es difícil que la ponga a arreglar las flores ahora.

Se suscribió a Reforma, pero le dijeron que no lo vuelva a hacer.

En resumen, no hay dos por tres, ni uno por dos, y el futuro perifrástico siempre debe traer la preposición a. Si no, no es futuro ni es perifrástico ni es nada, por lo menos en lo que toca a la escritura.

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y esto, para leer...

APARTE:


jueves 29 de octubre de 2009

Departamento de Artículos y Sentido Común: ¿Cuántos cobardes puede ser una sola persona?

POR UN MALSANO afán de reducir sus encabezados a la mínima expresión lingüística, con cierta frecuencia el periódico Reforma no sólo tergiversa el sentido de la noticia que desea comunicar sino que también mutila el idioma con el cual desea expresarla.

En este encabezado (23 de octubre de 2009, p. 5), hay dos problemas que dificultan la recta comprensión del mensaje. Por un lado, está el artículo un. Por otro, está el verbo tildar, lo que significa —en este contexto— señalar a alguien con alguna nota denigrativa. Veamos el artículo primero, encerrado en círculo, y después tomaremos en consideración qué sucede con el verbo tildar en relación con el otro verbo —aquí subrayado—, ser.

Francamente, habría que reconocer que existe mucho abuso de los artículos indefinidos singulares un y una, y no sólo en el periódico Reforma, pero éste, por ser un órgano informativo importante, debería ser consciente y cuidar mucho más el idioma, su herramienta principal de comunicación. Puede ser por imitación del inglés o puede ser por sencilla pereza mental, pero al decir o escribir —en castellano, por lo menos— que alguien es un cobarde carece de sentido.

Al emplearse un, convertimos cobarde en sustantivo, no adjetivo. ¿Acaso una persona puede ser dos cobardes, o tres? Un ser humano sólo puede ser cobarde (adjetivo), así a secas, como podría ser inteligente, perezoso o bajo de estatura. Incluir aquí el artículo indefinido un acusa un uso familiar que realmente se antoja fuera de lugar, como cuando decimos “Heriberto es un tonto…”. La declaración seca, neutra, profesional, periodística, sería “Heriberto es tonto”.

Esto también se aplica a religiones, nacionalidades, profesiones, etcétera. Por ejemplo, Josefina Vázquez Mota, quien se asoma en la fotografía a la cabeza de esta entrada, es mexicana (adjetiva, y como sustantivo, sólo podría una mexicana, y por eso el artículo sale sobrando). El cardenal Norberto Rivera, quien no aparece, es católico, no un católico, por la misma razón. Manny Ramírez, de los Dodgers de Los Ángeles, es beisbolista (sustantivo), no un beisbolista. Esta regla, sin embargo, cambia si agregamos un adjetivo. Cuando esto sucede, sí podemos usar el artículo indefinido singular si así lo preferimos:

Nava es un gran cobarde.

Nava es gran cobarde.

Josefina Vázquez Mota es una mexicana destacada.

Josefina Vázquez Mota es mexicana destacada.

Manny Ramírez es un beisbolista famoso.

Manny Ramírez es beisbolista famoso.

En esta circunstancia, incluir el artículo indefinido singular es cuestión de gusto y oído. En inglés, sin embargo, estaríamos obligados a usar siempre el artículo indefinido singular: “Nava is a big coward. Dejarlo fuera sería un error …en inglés.

Para resumir este punto, sólo debemos usar el artículo indefinido singular cuando nos referimos a cualidades de personas, cosas o fenómenos que también podrían ser múltiples o cuando los acompaña un adjetivo. Por ejemplo:

Ayer compré una llanta. Ayer compre varias llantas.

Necesito consultar un médico. Necesito consultar tres médicos.

Francisco Cabañas es buen dentista. Francisco Cabañas es un buen dentista.

Esa película fue dirigida por un japonés. Esa película fue dirigida por dos japoneses.

Pero:

Francisco Cabañas es dentista.

Francisco Cabañas es musulmán.

Francisco Cabañas es actor.

Akira Kurosawa es japonés.

El segundo problema tiene que ver con el verbo tildar. Para denigrar a alguien, lo tildamos de tal o cual cualidad negativa, como cuando decimos: “Tildaron a Francisco de sacamuelas”. En otras palabras, si alguien dice “Francisco es sacamuelas”, en ese momento lo tildan de sacamuelas (lo señalan como sacamuelas). El infinitivo ser sobra en este contexto. Otra vez: no tildamos a la gente de ser algo sino de ese algo directamente: la tildamos de mala, de deshonesta, de inepta, de chambona, de parásita, etcétera.

Así, el encabezado debió rezar de la siguiente manera:

Tilda PRI a Nava de cobarde (versión reformística)

El PRI tilda a Nava de cobarde (versión bien escrita)

La versión bien escrita no sólo se comprende más fácilmente sino que… ¡tiene menos caracteres que la versión publicada! Mi sugerencia tiene 24, mientras que la que apareció en el periódico, 27. Si hubieran antepuesto el verbo, como es su costumbre, se habría enrarecido la sintaxis, como la mayor parte de sus encabezados: “Tilda el PRI a Nava de cobarde” o “Tilda el PRI de cobarde a Nava”.

Hay que decirlo claramente: exigir que el verbo vaya primero va a causar problemas sintácticos el 90 por ciento de las veces, precisamente porque el castellano está hecho para ser flexible. Debe y tiene que serlo. Su flexibilidad, pues, es la herramienta que usamos para aclarar sentidos y evitar confusiones. Y como de esto se trata, cualquier otro periódico habría empleado los dos puntos para indicar quién hizo la afirmación, un recurso periodístico que se emplea exclusivamente en encabezados, nunca en la prosa dentro del artículo mismo:

PRI: Nava es cobarde

Esto da 20 caracteres claros, concisos, precisos. ¿Alguien puede explicarme cuáles son los argumentos de este periódico para iniciar cada uno de sus encabezados con un verbo?