A VECES mis alumnos no me creen cuando les digo que su escritura es innecesariamente complicada. Piensan que redactan de la manera más sencilla. No entienden la frustración —e incluso el coraje— que provocan al hilar palabras, una tras otra, sin una clara propuesta ideológica y gramatical. Pondré como ejemplo la proposición de un alumno de cuarto año de Derecho, quien dentro de unos meses tendrá título universitario y cédula profesional para procesar y defender a presuntos criminales, redactar contratos y toda clase de alegatos y argumentaciones. ¡Son los abogados quienes más deberían cuidar su redacción! Pero, por desgracia, son los que más la enredan. Ésta es la proposición de muestra:
Desde sus inicios, el matrimonio se concibió como una unión religiosa destacando en la mayoría de las culturas tres principios: el de procreación, indisolubilidad y unidad, entendiendo este último como solidaridad, protección, fidelidad y en general la ayuda mutua entre la pareja.
Empieza bien, con una inversión sintáctica de tiempo: Desde sus inicios. Luego viene el sujeto: el matrimonio. Pero el autor emplea enseguida un verbo reflexivo, y pareciera que el matrimonio se concibió a sí mismo, reflexivamente, como una unión religiosa. Hay que evitar esta clase de confusiones. La forma reflexiva se emplea correctamente cuando decimos, por ejemplo: “Eduviges se maquilla todos los días”. Está claro que Eduviges se maquilla a sí misma. La voz pasiva refleja, por ende, debe usarse sólo cuando no venga al caso destacar la identidad de quién o qué realiza la acción del verbo.
Si escribo, por ejemplo, “El auto se descompuso”, no importa quién o qué descompuso el auto. Sólo me interesa el hecho de que está descompuesto. No cabe pensar, a su vez, que el auto se haya descompuesto a sí mismo. En el caso de nuestro proposición muestra, es evidente que no fue una sola persona o cultura la que concibió al matrimonio en los términos expuestos. ¿Qué hacer, entonces?
Es aquí donde debemos emplear la voz pasiva pura: “Desde sus inicios, el matrimonio fue concebido como una unión religiosa”. Ahora no hay confusión posible, y está claro que el sujeto pasivo, el matrimonio, fue concebido de cierta manera, y al autor no le importaba especificar el agente. Si hubiera querido hacerlo, podría haber tomado prestado su complemento circunstancial de lugar para convertirlo en agente: “Desde sus inicios, el matrimonio fue concebido por la mayoría de las culturas como una unión religiosa”. ¡Magnífico!
Lo que viene enseguida es típico entre los abogados: el uso inapropiado del gerundio. Muchas veces me he preguntado por qué los amigos del Derecho abusan tanto del gerundio, aún más que los periodistas. La única respuesta que encuentro, más allá de que están imitando la mala redacción de sus maestros, tiene que ver con la naturaleza del gerundio como verboide. Éstos carecen de sujeto, tiempo verbal, número y modo. Dicho procedimiento puede ser muy útil cuando se quiere esconder algo o cuando el redactor desea escabullirse entre vaguedades y no comprometerse con una idea clara y contundente. Veamos de nuevo el principio del texto, con todo y gerundio mal empleado, pero con las correcciones propuestas:
Desde sus inicios, el matrimonio fue concebido por la mayoría de las culturas como una unión religiosa destacando tres principios…
La palabra destacando carece totalmente de asidero en la proposición. ¿Quién está destacando, y qué es lo que el sujeto ausente desea destacar? En otras palabras, necesitamos convertir ese gerundio en verbo conjugado, con sujeto y complemento directo. Pero antes, tendremos que descifrar la intención del autor.
Después de meditarlo un rato, seguramente llegaremos a la conclusión de que es la unión religiosa la que destaca los tres principios. Así podríamos escribir: “Desde sus inicios, el matrimonio fue concebido por la sociedad como una unión religiosa que destaca tres principios”. Otra solución sería: “Desde sus inicios, el matrimonio fue concebido por la sociedad como una unión religiosa para destacar tres principios”. La primera opción declara sencillamente que la unión religiosa destaca tres principios. La segunda opción, sin embargo, va más lejos: declara que la unión religiosa —el matrimonio— fue concebida por la sociedad con el fin de destacar esos tres principios. Es cuestión de énfasis y enfoque. Quedémonos con la primera opción, aunque la segunda también es buena:
Desde sus inicios, el matrimonio fue concebido por la sociedad como una unión religiosa que destaca tres principios.
Después vienen los tres principios, pero como están redactados, parecen sólo uno, “el de procreación, indisolubilidad y unidad”. Debemos hacer que nuestra redacción refleje la naturaleza tripartita del asunto. ¿Cómo? Quitando el artículo y la preposición antes del primero de los principios: “procreación, indisolubilidad y unidad”. Así, claramente, son tres principios, no uno solo de tres partes. Recapitulemos, entonces:
Desde sus inicios, el matrimonio fue concebido por la sociedad como una unión religiosa que destaca tres principios: procreación, indisolubilidad y unidad.
Como si el primer gerundio no nos hubiera confundido lo suficiente, el autor agrega otro: entendiendo. Escribe “[…] entendiendo esto último como solidaridad, protección, fidelidad y en general la ayuda mutua entre la pareja”. De nuevo: ¿quién entiende esto último? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Somos nosotros, los que vivimos ahora en España y América Latina, quienes lo entendemos así? ¿Somos todos los seres humanos vivos? ¿O eran ellos, aquellos de “la mayoría de las culturas”, in illo tempore? El gerundio oculta esta información y nos obliga a hacer adivinanzas. Echemos algo de luz, pues, en dos versiones, ambas lícitas y perfectamente comprensibles: “Este último se entiende como solidaridad, protección, fidelidad y en general la ayuda mutua entre la pareja”. O: “Entendemos este último como solidaridad, protección, fidelidad y en general la ayuda mutua entre la pareja”.
En ambos casos, damos a entender que somos nosotros y ahora. Se hubiéramos querido incluir a aquellos que instituyeron, hace miles de años, el matrimonio, podríamos haber escrito: “Siempre se ha entendido este último como […]”.
Una observación: como “la pareja” es singular, no me gusta la preposición “entre”, aunque la pareja esté compuesta —evidentemente— por dos personas. Sería mejor usar “en”, “dentro de” o “entre los cónyuges” (aprovechando que cónyuges es plural).
De esta manera, la proposición puede quedar así, en dos:
Desde sus inicios, el matrimonio fue concebido por la sociedad como una unión religiosa que destaca tres principios: procreación, indisolubilidad y unidad. Entendemos este último como solidaridad, protección, fidelidad y en general la ayuda mutua entre los cónyuges.
Compárese lo anterior con la versión original:
Desde sus inicios, el matrimonio se concibió como una unión religiosa destacando en la mayoría de las culturas tres principios: el de procreación, indisolubilidad y unidad, entendiendo este último como solidaridad, protección, fidelidad y en general la ayuda mutua entre la pareja.
Para no caer en la redacción enredada, difícil, incomprensible, ilegible, enojosa, basta recordar que estamos manejando ideas que representamos con palabras que toman la forma y la función de un sujeto y varios complementos posibles: el sujeto hace algo en circunstancias varias. Esto, en voz activa. En voz pasiva, algo es hecho por alguien o por algo. Y en la pasiva refleja, parece que las cosas suceden solas, sin agente: mi reloj se descompuso. Pero no debe entenderse que el reloj, en este caso, se hizo daño a sí mismo. Cuando existe esta posibilidad, es mejor no emplear la pasiva refleja.
La mejor sugerencia que puedo hacer es la siguiente: que nuestras proposiciones tengan una estructura clara y que no se compliquen innecesaria o excesivamente. Y para los que se han dejado vapulear por el gerundio, aprendan a dominarlo.[i] Correctamente empleado, les va a servir muy bien.






